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¿Cómo Amar a Dios?

Por Marcela Hernandez


Todos hemos escuchado el famoso versículo en Deuteronomio 6:5: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.” Hoy quiero enfocarme en este versículo y estudiar qué significa amar a Dios de esta manera. ¿Sabías que el Libro de Deuteronomio es el primero que introduce el concepto de amar a Dios? Los primeros cuatro libros del Pentateuco enfatizan la necesidad de tener una actitud de reverencia hacia Dios como la actitud principal. Deuteronomio, sin embargo, no solo continúa enseñando al pueblo a mantener una actitud de reverencia, sino que también añade una dimensión de amor hacia Dios. La palabra 'amar' aparece 16 veces en Deuteronomio.


Hoy en día, estamos acostumbrados a hablar del amor como una emoción o como una decisión; sin embargo, Deuteronomio nos presenta el amor a Dios no simplemente como un afecto o un sentimiento hacia Él, sino como un deber y una responsabilidad. Este mandamiento de amor no era único en su contexto histórico. En los tratados del Medio Oriente Antiguo, vemos cómo los reyes demandaban este tipo de amor y lealtad cuando establecían pactos con sus súbditos.

El amor, en este contexto, funcionaba como una protección del pacto establecido. No se trataba solo de mostrar afecto o tener un sentimiento positivo, sino que implicaba una obediencia activa y una fidelidad constante. El amor requería un compromiso tangible en la manera en que la otra parte se comportaba, asegurando así la estabilidad y la integridad del pacto. Por lo tanto, el mandamiento de amar a Dios en Deuteronomio no es simplemente una exhortación a sentir, sino una llamada a actuar conforme a los preceptos divinos, a vivir una vida de obediencia y fidelidad a Dios. Esto redefine el concepto de amor, llevándolo más allá de lo emocional y convirtiéndolo en una parte integral de la vida y la práctica religiosa del pueblo de Israel.


En el Nuevo Testamento, los fariseos le preguntan a Jesús, "Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento." (Mateo 22:36-38) Jesus en otra ocasión refuerza la idea que el mandamiento de amarlo es más que un sentimiento si no una acción en Juan 18:23 cuando dice “El que me ama, mi palabra guardará.” Aquí Jesús condiciona el sentimiento de amar a la acción de obedecer. Sin embargo, podríamos obedecer los mandamientos mecánicamente, sin amor ni reverencia que nos motiven, el obedecer no sería suficiente. Es tan malo hacer el amor a Dios un sentimiento como descartar completamente la importancia del sentimiento y de la emoción de amar.


El libro de Deuteronomio nos da este balance contrastando el amor que el pueblo debe a Dios como mandamiento y como respuesta a él como Señor con el amor que Dios otorga al pueblo simplemente por puro afecto de su voluntad. En Deuteronomio 7:6-8, Dios le habla a su pueblo recordándoles:


"Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra. No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto."


Aquí Dios le recuerda a su pueblo que los amó no porque tenía una obligación con ellos, a diferencia de cómo ellos la tienen con él, sino porque así lo quiso. Este tipo de amor, como el mismo pasaje lo demuestra, sale como resultado de una emoción de una decision. Este tipo de amor no esta condicionado a obediencia, mas bien es una muestra de afecto por parte de Dios hacia su pueblo. Así mismo podemos ver que cuando Dios demanda que su pueblo lo ame demostrando fidelidad, él no está pidiendo únicamente obediencia. El les esta pidiendo que cultiven un sentimiento de afecto que los motive a actuar con fidelidad. Ha esto se refiere las palabras del Señor a travez de Isaias cuando le dice a su pueblo en Isaias 29:13-14.


“Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado; por tanto, he aquí que nuevamente excitaré yo la admiración de este pueblo con un prodigio grande y espantoso; porque perecerá la sabiduría de sus sabios, y se desvanecerá la inteligencia de sus entendidos.”


El amor a Dios demandado implica una relación, este amor trasciende el mero cumplimiento de normas, buscando una conexión profunda y sincera con Dios.

Es aquí donde se diferencia el amor que Dios le exige a su pueblo con el amor que otros reyes y Señores feudales en en Antiguo Oriente Medio exigían. El mandamiento de amar afuera de Israel únicamente involucraba a los súbditos, en cambio el amor que demuestra Deuteronomio es un amor en respuesta a el amor y la fidelidad que les ha sido demostrada al pueblo departe de Dios. Una vez más, los mandamientos en la Torah más que normas reflejan el carácter del legislador y son dadas para moldear el pueblo de Dios a la imagen de Dios. En otras palabras deuteronomio nos pide amar a Dios así como Dios nos ha amado.


Con Todo tu Corazón Con toda tu alma…


El corazón en el pensamiento hebreo abarcaba mucho más que solo sentimientos.

el corazón era considerado el centro de la vida interior del hombre, integrando aspectos intelectuales, volitivos y emocionales. Esta perspectiva holística es clave para comprender lo que significa amar a Dios con todo el corazón, abarcando nuestra mente, decisiones y emociones. A continuación, unos ejemplos de cómo el hebreo utiliza la imagen del corazón para representar diferentes partes de la persona.


Proverbios 23:7 nos dice: “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.” En este pasaje se utiliza la figura del corazón como el lugar donde yacen los pensamientos. En un pensamiento moderno, consideraríamos esto como una función del razonamiento.


El libro del profeta Daniel 1:8 nos habla del corazón como el lugar donde nos proponemos hacer algo: “Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía.” En este ejemplo, vemos cómo el corazón en hebreo también involucraba la voluntad de la persona.


Otro ejemplo nos lo da Génesis 6:6 cuando dice: “Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón.” Aquí el corazón se ve afectado por una emoción, dándonos a conocer un aspecto anímico.


1 Samuel 25:37b nos habla del aspecto natural del corazón como un miembro del cuerpo: “Al oírlo, Nabal sufrió un ataque al corazón y quedó paralizado.” Sabemos que, aunque los antiguos no tenían la noción total de la función del corazón como órgano vital, sabían que la vida de la persona dependía de este.


El mandamiento hace un énfasis especial al agregar la palabra "alma". En hebreo, "nephesh" simboliza la vida de la persona, sus pasiones y emociones. A esto, se suma "con todas tus fuerzas", que en otras versiones se traduce como "todo tu ser". En hebreo, esta frase implica amar a Dios con el “todo del todo”, es decir, con cada parte de nuestro ser y en cada aspecto de nuestras vidas.


Este versículo está en el contexto del Shema, donde Dios invita a su pueblo a escuchar con atención y reconocer que Dios es el uno. Si Dios es el único Dios, Él merece nuestro "todo del todo". El amar a Dios con cada aspecto de nuestra vida no es solo un mandamiento es también una invitación a conocerlo y comprender cuán amados somos por Él. Amar a Dios con todo nuestro corazón, como hemos visto, es una actitud que exige acción y emoción.


¿Cómo sabemos si estamos amando a Dios? Pues el resto de Deuteronomio, continua dando leyes que nos exigen un comportamiento integro con nuestro projimo. El apostol Juan nos dice "Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?" (I Juan 4:20.) El amor a Dios nos exige un comportamiento correcto con nuestro prójimo. Amar a Dios implica una transformación interna que se refleja externamente. No solo se trata de una obediencia formal, sino de una relación viva y dinámica con Dios. Este amor debe manifestarse en nuestra forma de vivir, en cómo tratamos a los demás, y en la manera en que buscamos justicia y misericordia. En resumen, el mandamiento de amar a Dios es un llamado a una vida de integridad y una dedicación plena a Dios.

 
 
 

1 Comment


Carol Hernandez
Carol Hernandez
Aug 08, 2024

Mmmm debatible

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